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Política de vivienda
Fernando Schütte
La política de vivienda, debiera ser producto de la
congruencia de las políticas de Estado. En México el fenómeno
es que esta aseveración es contraria a lo racional, es la excepción
que confirma la regla, la política de vivienda ha venido siendo bien
impulsada desde las altas esferas del poder, aunque en otras muchas materias
no exista una política de Estado, o por lo menos que sea tan evidente
como en nuestro sector.
Hoy contamos con entidades financieras sumamente eficientes
y con desarrolladores de vivienda que han sabido asumir su compromiso con
el país de manera
por demás responsable, con elementos y procesos constructivos, que
permiten acelerar los tiempos y ahorrar recursos a favor de los compradores
de vivienda.
Los institutos financiamiento a la vivienda, están demostrando que
se pueden tener cuentas y reglas claras, procesos escrutados frente a la
exigencia de transparencia y viabilidad financiera, al haber logrado impulsar
una cultura de pago, que en México empezaba a perderse.
Cifras y
más cifras en torno a la vivienda en México, pocas
de ellas coinciden. Este es uno de los grandes problemas de nuestro sector,
el no contar con estadísticas puntuales, hace cada vez más
difícil la posibilidad de fondeo.
El dinamismo del sector es notable,
a pesar de los muchos rezagos que siguen existiendo, los empresarios
de vivienda, siguen demostrando que son capaces
de sortear toda clase de irregularidades, seguimos sufriendo la excesiva
burocracia, en donde la cantidad de trámites hace que los proyectos
de vivienda se retrasen afectando así los márgenes de utilidad
y por supuesto encareciendo el producto para los consumidores finales.
El
desorden en el desarrollo urbano sigue creando graves conflictos, hemos
comentado muchas veces que al hacer vivienda se están desarrollando
ciudades y que para ello es necesario que la vivienda vaya a lugares en donde
se cuente con capacidad de absorberla, es decir en donde exista infraestructura,
donde el presidente municipal, no pretenda imponer sobre costos a los desarrolladores
y en donde la gestión del gobierno municipal sea congruente con
las facilidades que quienes hacen vivienda necesitan.
Los esfuerzos de todo
el sector deberán verse reflejados en un México
en donde las oportunidades sea mucho mayores que en el pasado, en un país
en donde exista congruencia entre la competitividad que podrían generar
las ciudades y la belleza de la arquitectura, que debidamente planeada hará que
los hombres y las mujeres deseen comportarse como ciudadanos comprometidos
con sus comunidades. Es bien sabido que la belleza arquitectónica,
incide en el mejor comportamiento de las personas y además las invita
a cuidar y defender su entorno.
Uno de los mayores problemas en el país tiene relación con
la falta de civilidad ciudadana, en ello los desarrollos de vivienda tienen
mucho por hacer. La basura no estaría en las calles si existieran
basureros, el transporte no sería tan anárquico si existieran
paraderos, el comercio informal no tendría lugar si existieran locales
comerciales dentro de las unidades habitacionales, y como los ejemplos anteriores,
podríamos citar una lista casi interminable de aspectos, que harían
de nuestro país un mejor lugar para vivir. Todo lo anterior debiera
surgir de políticas integrales de vivienda, en las que deberían
participar tanto la iniciativa privada como el sector público.
Cuando
hablamos de política públicas, nos referimos a la instauración
de modelos que surjan del consenso con todos los actores, no de imposiciones
paradigmáticas y ni de modelos piloto, que solo muestran la timidez
con que intentan resolverse los problemas de fondo.
La política de vivienda ha sido bien impulsada desde el ejecutivo
federal, desde ahí se le ha dado la importancia que esta merece, por
primera vez nuestro sector permanece como una constante en el discurso del
presidente de la República, aunque como señalé anteriormente
falta mucho por hacer, para poder hablar de una política de Estado
en la materia.
Algunas veces he pensado que el gobierno federal, más
que conocer la relevancia de la vivienda, ha sido llevado por inercia
y que han sido
los empresarios de este sector quienes han sido capaces de poner en la
agenda nacional este tema y darle la preeminencia que este merece.
El
sector es verdaderamente pujante, y esto se pone de manifiesto cuando viajando
por nuestro país, vemos las ciudades creciendo con hogares
que albergan el presente que algún día nos fue prometido.
La
política en nuestros días no solo se refiere a la polis,
es decir a la ciudad o a la naturaleza, funciones, división de poderes
o formas de gobierno, en el sentido aristotélico, sino que la hemos
convertido en un adjetivo calificativo, para poder describir las acciones
necesarias para poder impulsar modelos que contribuyan con la ciudadanía
a generar prosperidad. La política de vivienda debiera crear instrumentos
que permitan congruencia entre lo que se quiere y lo que se necesita, pero
que también asegure a los ciudadanos, tanto la posibilidad de contar
con una vivienda, como que esta se encuentre situada en un entorno que permita
el desarrollo de los individuos. Se trata de lograr acuerdos entre los diferentes
actores, haciéndolos participar en la creación de esquemas
que favorezcan las probabilidades de tener éxito.
No concibo la política de vivienda, sin la participación
de las autoridades municipales, sin legisladores, sin los intermediarios
financieros,
los constructores y los desarrolladores, y en este momento, algunos de
ellos, lamentablemente parecen estar desarticulados.
Generar una política de estado, tiene que ver con agrupar las ideas
de todos los actores sociales, políticos empresariales, sindicales,
financieros, académicos, etc. y crearles un espacio para la discusión
y análisis, pero sobre todo, tiene que ver con tiene que ver con dejar
establecidas las reglas que aseguren el futuro, que permitan que tengamos
reglas claras y que estas no cambien, como ha venido siendo hasta ahora,
cada vez que un funcionarios público amanece con alguna idea grande.
Se
dice en política, que el buen político es aquel que entre
el mal menor y mal mayor, escoge siempre el mal menor, siendo así tenemos
políticos formidables, pero que olvidan que la suma de males menores,
sin duda se convertirá en el mayor de los males.
Existe por ahí la insana intención de una nueva ley de vivienda,
se trata de una iniciativa que por lo menos está generando que los
inversionistas del sector adviertan nuevamente cambios en esta materia y
que se retraigan. ¿Necesitamos una nueva ley de vivienda?, ¿de
verdad eso creen quienes nos gobiernan? Me parece por lo menos ridículo
que a estas alturas en que la vivienda es una de las actividades que mejor
se comportan en la economía y que más promueven la inversión;
que se esté experimentando para ver si cabe una reglamentación
en la que algunos funcionarios y funcionarias dejen asegurada su permanencia
o por lo menos crean que dejarán algo para México, ese deseo
trascendencia, que en realidad se trata de una soberbia inmensa, podría
dejar muy golpeado al sector vivienda, pero ¿quien se atreverá a
señalarlo? Mientras las cámaras y asociaciones sigan con la
actitud de absoluta sumisión a los gobernantes en turno, este país
seguirá siendo planeado por quien menos saben. La ineficiencia es
uno de los males de mayor actualidad, funcionarios ineficientes, ciudades
ineficientes, políticas ineficientes, mientras los que saben, siguen
callados esperando no ser condenados por su silencio.
Al parecer es cierto
que la democracia ha sido el paso de unos cuantos corruptos a unos muchos
ineptos.
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